Algunas joyas del arte romano

El arte romano es sin lugar a dudas,  una cultura tan rica e impresionante que a pesar de la gran cantidad de obras y herencias que conservamos en la actualidad, es imposible no quedarse sorprendido. Por ello, vamos a conocer un poco de algunas de las mejores obras localizadas en España y que son consideradas como el monumento histórico por excelencia del lugar.

Sant Vicente de Cardona (Barcelona)

Este monumento se construyó entre 1029 y 1040 en el recinto amurallado del Castillo de Cardona (Barcelona). Se trata de una iglesia que presenta una planta basilical de tres naves con cabecera de tres absides. En la zona donde se sitúa el crucero,  se encuentra una cúpula y en el interior tres pares de grandes pilares. Además, esta iglesia presenta unas dimensiones extraordinarias, contando con 50 metros de largo y 18 de ancho.

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Fuente: ABC

San Isidoro de León (León)

Se trata de un edificio construido durante los siglos XI y XII. Considerado como uno de los conjuntos arquitectónicos romanos más destacados de España, destaca por su  panteón real  situado a los pies de la iglesia. La iglesia conserva actualmente algunos
vestigios romanos de la primera construcción realizada por Fernando I y Sancha. Una obra de arte que con el transcurso del tiempo ha sufrido una serie de modificaciones y añadidos góticos, renacentistas y barrocos.

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Fuente: El Pais

Claustro de Santo Domingo de Silos (Burgos)

Este monasterio destaca por la belleza de su claustro romano de doble planta. El que se encuentra situado en la zona inferior es el más antiguo, pues datan datan de la segunda mitad del siglo XI. Asimismo, el claustro situado en la zona superior del edifico, fue construido en el siglo XIII. Un dato característico presente en este lugar y que se ha convertido en algo distintivo es el famoso ciprés de Silos, plantado en 1882.

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Fuente: ABC

 

Los maravillosos pórticos romanos

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 Fuente: Pinterest

Se construía tanto en las iglesias rurales como las de ciudad, delante de la puerta principal como una manera de protegerla. Mayoritariamente se hacían de madera, pero el problema de este tipo de pórticos es que no resistió el paso del tiempo. Por ello, se recurrió al empleo de la piedra, que dieron como resultado galerías de gran desarrollo y hoy en día admiradas como verdaderas obras de arte.                                                         

Un claro ejemplo lo podemos encontrar en el pórtico que podemos observar a la izquierda. Se trata del pórtico de la Gloria de la catedral de Compostela, realizado en piedra por el maestro Mateo  y sus trabajadores por encargo del rey de León Fernando II.

El uso de este elemento en la decoración de los edificios, aportaba un mayor encanto e impacto en la estructura. Solían situarse a veces en la parte central de la fachada central, pero si esta tenía torres, pues ocupada el espacio que quedaba entre ellas. Si embargo, en ocasiones llegaban a utilizar todo el largo de la fachada, formando así un espacio cubierto al que se le llamó galilea.

 

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Fuente: El correo gallego

 

 

 

 

 

El yacimiento de San Miguel de Lillo

La iglesia de San Miguel de Lillo fue mandada a construir en el año 842 por el rey Ramiro I en el monte Naranco (Oviedo). Se edificó en honor a San Miguel de Arcángel, conocido como un dios al que le llamaban el que dirigía el ejército de Dios de la religión judía, cristiana e islámica. Esta iglesia de orígenes romanos fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1985.

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Fuente: Arte Paisaje

 

Arquitectura del monumento

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Fuente: Pueblos España

El edificio presentaba en sus orígenes tres naves, pero lamentablemente, debido al paso de los años solo se conserva una tercera parte de su longitud. La iglesia destaca por presentar un sistema complejo de bóvedas de cañón y porque sus naves están separadas por una serie de arcos que descansan columnas.

Además, en términos de la decoración, las ventanas resaltan por estar talladas en piedra. Por otro lado, la decoración en relieve de las jambas de la puerta de entrada, está inspirada en un famoso consular bizantino del siglo IV, el cónsul Areobindo.